Una actitud de sacrificio
Los versículos 33 y 34 de Hebreos 11, nos describen las hazañas por las que son famosos:
“Todos ellos, por fe, conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros”.
Estos actos heroicos no valen por sí mismos – nuestros héroes fueron parte del desarrollo de la voluntad de Dios en la historia de su pueblo. Cada uno recibió un llamado, una revelación y el poder de Dios para primero creer, y luego hacer. Nuestra actividad es parte de un plan mayor, no se trata de nosotros.
La evidencia que dan las escrituras es que “ninguno de ellos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, recibió lo prometido” (versículo 39). Habla de algo positivo – alcanzaron buen testimonio; y algo negativo – no recibieron lo prometido. ¿Sabía usted que sus esfuerzos en el Reino de Dios no son para que usted reciba un beneficio personal solamente?
Cuando creemos, obedecemos y servimos a Dios, nuestra actitud debe ser de satisfacción por haber agradado a Dios, sin esperar mayor recompensa que la vida que hemos recibido. Lo que recibimos más allá de eso, viene como añadidura, por gracia y misericordia de Dios. Jesús le dijo a sus discípulos: Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: “Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos” (Lucas 17:10).
El precio
No nos gusta hablar de sufrimiento en la vida cristiana, sin embargo Jesús nos lo advirtió claramente. (vea Juan 16:33, 2a Corintios 1:5, Santiago 5:11). Nuestro camino es contrario al mundo; eso causa fricción, rechazo y sufrimiento. A veces pensamos que por ser seguidores de Cristo no tendremos sufrimientos, pero eso no es bíblico. Es más, los héroes que estudiamos aquí no se eximieron de ningunas de estas cosas.
“Hubo mujeres que recobraron con vida a sus muertos; pero otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección. Otros experimentaron oprobios, azotes y, a más de esto, prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada. Anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados. Estos hombres, de los cuales el mundo no era digno, anduvieron errantes por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra” (Hebreos 11:35-38).
Muchos predican un evangelio fácil, pero la madurez se desarrolla con la prueba
Más allá de no recibir recompensa, algunos sufrieron penalidades y hasta el martirio. Nuestra salvación es gratuita, pero exige un precio muy alto: nuestra vida entera. “Todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará” (Marcos 8:35).
Muchos predican un evangelio fácil y liviano, que no requiere sacrificio alguno. Pero la madurez y la pureza se desarrollan con las pruebas y las dificultades. Un verdadero héroe lo sabe y cumple su llamado a pesar del peligro que pudiera enfrentar.
El reto
Según Hebreos 12:1-2, tenemos una carrera por correr. ¿Corre usted para ganar? La manera en que corramos tendrá gran importancia, porque teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos verán o no el poder de Dios reflejado en nosotros. Esta carrera requiere de nosotros ciertas características particulares:
• Debemos tener claras las prioridades para poder correr – despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia. Si nos dejamos agobiar con las preocupaciones del mundo, no podremos correr.
• Debemos ser consistentes porque es una carrera larga – corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante. No se rinda, aun cuando se le agotan las fuerzas. Dios tiene una recompensa para los que terminan (vea las promesas para los vencedores en Apocalipsis 2:7, 10, 11, 17, 26; 2: 5, 12, 21).
• Debemos mantener el enfoque en Jesús – puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe. Él diseñó el plan para nuestra vida, y prometió estar con nosotros de principio a fin. Cuando nuestra mirada se desvía, así también nuestros pasos.
El proceso de maduración
Una característica de un héroe es que no piensa de sí mismo como tal. Pero el héroe tiene una conciencia de su propósito y lo que sacrifica para lograrlo. El resto del capítulo 12 describe los pasos del proceso por el que Dios nos lleva.
Nuestra identidad en la familia de Dios es iniciativa suya; somos hechos hijos por su amor (versículos 5-8). La disciplina que soportamos nos hace obedientes y nos fortalece en los tiempos de prueba (8-10). La victoria en las pruebas nos hacen partícipes de la santidad de Dios; y la santidad nos lleva a ser fructíferos (10-11).
El mundo necesita héroes de una casta especial – no los que se promueven a sí mismos, ni los que hacen las cosas dependiendo de sus propias habilidades. Por grandes que fueran las “hazañas” que se describen en el capítulo 11, el versículo 40 dice que Dios proveyó algo mejor para nosotros. Cristo vino para cumplir las promesas y para ser ejemplo del verdadero heroísmo, y perfeccionarnos a todos – los héroes de antaño y los de la iglesia moderna – en Él. Sea un héroe humilde, sacrificado, lleno de amor, paz y gozo.
Tomado de la Revista Conquista Cristiana – Edición: Cuarto Trimestre 2012
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Autor: Carlos Zelaya, Co-Pastor IDP Nueva Esperanza. Ha servido en el ministerio por más de 15 años. Reside con su esposa e hijos en San Jose, Costa Rica.
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